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Martes, 11 de Noviembre de 2014 13:38

V Centenario del Sermón del arrepentimiento

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 Junto con el V Centenario de la fun-dación de la Villa del Espíritu Santo, en la Pascua de Pentecostés de 1514 (4 de junio), con la misa celebrada por Fray Bartolomé de las Casas, celebra la villa otro aniversario: los 500 años del sermón del arrepentimiento, predicado en la fiesta de la Asunción de María (15 de agosto), donde se arrepiente de haber sido encomendero y renuncia al grupo de indios que está bajo su respon-sabilidad, comenzando una tenaz lucha en defensa de los indios de América.



Un sencillo monumento se conserva en Cienfuegos en el parquecito frente a la terminal de trenes que recuerda dicho acontecimiento. Un monumento mayor merita dicho acontecimiento, porque este dio comienzo, desde la fortaleza que da el Evangelio de Cristo a la defensa de los indígenas.

Fray Bartolomé de las Casas (Sevilla, 24 de agosto de 1474 o 1484 – Madrid, 17 de julio de 1566) fue un encomen-dero español, terminando como fraile dominico, cronista, filósofo, teólogo, jurista, obispo de Chiapas en el Virreinato de Nueva España, escritor y prin-cipal apologista de los indígenas.

El 15 de abril de 1502, siguiendo los pasos de su padre que había partici-pado en el segundo viaje de Colón, llegó a la isla La Española, en el Nuevo Mundo. Durante 1503 se dedicó a extraer oro, participando en la campaña de conquista del gobernador Nicolás de Ovando, y bajo las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuéllar en el Cacicazgo de Jigüey, por tal motivo recibió una encomienda en la Villa de la Con-cepción de la Vega, la cual administró hasta 1506.

En 1506, Bartolomé regresó a Sevilla, donde recibió las órdenes menores al sacerdocio y en 1507 viajó a Roma y se ordenó como sacerdote. Regresó a La Española en 1508 y durante 1511 escuchó los comentarios del Sermón de adviento de fray Antonio de Mon-tesinos o.p., el cual censuraba la con-ducta de los españoles respecto del maltrato de los indígenas, negándosele la absolución debido a que en esa época aún mantenía su encomienda indígena.
A solicitud de Diego Velázquez, en la primavera de 1512, Bartolomé de las Casas se trasladó a la isla de Cuba como capellán del conquistador Pánfilo de Narváez. En 1513, después de la matanza de Caonao, Narváez le cuestionó: ¿Qué parece a vuestra merced destos nuestros españoles qué han hecho?, formulando la pregunta como si el capitán no tuviese que ver con esas acciones. Las Casas le respondió: Que os ofrezco a vos y a ellos al diablo. Por haber participado en las campañas, recibió un repartimiento de indios junto con Pedro de Rentería, en Jagua, los cuales trabajaban en la minería.

Como recompensa por sus acciones durante la conquista de Cuba, en 1514 recibió un nuevo repartimiento de indios en Canarreo, junto al río Arimao, cerca de Cienfuegos. Pero Las Casas tomó conciencia paulatinamente de lo injusto que era el sistema y se convenció de que debía procurar el remedio de esta gente divinamente ordenado. El 15 de agosto de 1514, día de la Asunción, a la edad de treinta años, pronunció el sermón con que inició su lucha en la recién fundada villa de Sancti Spíritus, durante el cual renunció a su encomienda públicamente.

En 1515 se trasladó a Santo Domingo, donde se relacionó con los frailes do-minicos. Fray Pedro de Córdoba lo envió a España en compañía de fray Antonio de Montesinos para abogar por los indios; los frailes llegaron a Sevilla el 6 de octubre, en diciembre del mismo año, lograron entrevistarse con el rey Fernando el Católico, con el secretario Lope de Conchillos y con el obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca, pero los resultados fueron adversos a sus peticiones.
Debido al fracaso, y tras la muerte del rey Fernando el Católico a principios de 1516, ambos frailes viajaron a Madrid para realizar nuevas peticiones al cardenal Francisco Jiménez de Cisneros quien ejercía la regencia de la corona de Castilla; en abril, Cisneros determinó enviar a tres frailes jerónimos para ejercer la gobernación de La Española. Las Casas fue comisionado consejero de los frailes.

Junto con Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas es considerado uno de los fundadores del derecho internacional moderno y un gran protector de los indios y precursor de los derechos humanos junto al jesuita portugués Antonio Vieira. Aunque desde perspectivas opuestas, tanto él como Vitoria se ocuparon del problema alrededor del cual emergió el derecho de gentes en la época moderna: la definición de las relaciones entre los imperios europeos y los pueblos del Nuevo Mundo. Esta tarea requería de la creación de un marco jurídico suficientemente amplio como para ser válido al mismo tiempo para europeos y aborígenes. Las Casas consideró que los indios tenían uso de razón, tanto como los antiguos griegos y romanos, y que como criaturas racionales eran seres humanos, estando los indígenas cobijados por el derecho natural y eran titulares de los derechos a la libertad y a nombrar sus autoridades.

Su contribución a la teoría y práctica de los derechos humanos puede apreciarse en su obra Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, el cual, por ser escrito a mediados del siglo XVI, constituye el primer informe moderno de derechos humanos, describiendo las atrocidades a las que fueron sometidos los indígenas de las Américas por los conquistadores españoles. Abogó por la defensa de los indios. Sin embargo, se ha cuestionado su defensa hacia los negros, aunque se conoce que escribió un opúsculo titulado Brevísima relación de la destrucción de África como preludio a Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en el cual denunciaba el maltrato de la población africana permitida por los Reinos de Castilla y Portugal.

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