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Martes, 11 de Noviembre de 2014 12:39

Recien casados a los 52 años de matrimonio (Testimonio)

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Nunca pensé que casarme por la Iglesia sería un alegría tan grande, y mucho menos que a mi edad viviría este sacramento de manera tan emotiva.

Mi nombre es Ladys Morales Fernández, tengo 74 años y soy natural de Güinía de Miranda, mi esposo es Emerio Fuentes Sabina, tiene 77 años y nos casamos por lo civil desde hace 52 años,  aunque los dos somos cristianos católicos nunca habíamos pensado casarnos por la Iglesia. La verdad que no sé ni por qué, unas veces se lo pedí a los sacerdotes que pasaron por la comunidad pero siempre pasó algo, o no encontrábamos la fe de bautismo, o los Padres iban y venían con poco tiempo, o tantas cosas; y el tiempo fue pasando y pasando hasta ahora.

La boda la celebramos en mi casa, fue un día algo alocado, desde temprano mi hija, mi yerno y mi nieta se levantaron preparando cosas, hicieron una pasta para bocaditos, buscaron panes, una botella de vino y hasta dos copas finas para el brindis.

Por fin llegaron el diácono Airán, su esposa Martica, los hijos y varios miembros de la Iglesia, lo más simpático fue que una hermana de la comunidad me hizo un velo y un ramo de novia, y vino hasta Pipo, quien fue mi testigo en la boda civil, para entregarme a mi esposo ante Dios.

La sala estaba llena de gente, el diácono nos dijo que nos tomáramos las manos y que repitiéramos con él: «Yo Ladys te tomo a ti Emerio como esposo…» estaba tan nerviosa que no lograba repetirlo, y cuando mi esposo dijo «prometo serte fiel en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida» miró a Airán, luego a mí y dijo: «pero esto es lo que siempre he hecho hasta ahora, ¿qué tiene de nuevo?».



Después firmamos el documento y firmaron los testigos, y entonces sí que se puso simpático aquello, todas se pusieron en el portal para que tirara el ramo, y brindamos con las manos cruzadas y todo.

Mi boda cristiana significó para mí el día más bello de mi vida, ese día recibí la bendición de Dios con señales de gozo, escalofríos, lágrimas, fue un día de júbilo y de gran celebración para todos los hermanos de la Iglesia y familia.

Al día siguiente tomé la Primera Comunión de manos de nuestro querido Obispo Arturo, tantos años en la Iglesia y por fin podía acercarme al altar a comulgar. ¡Qué alegría, que hermoso todo!

Doy gracias a Dios por todas estas cosas lindas y maravillosas que ha hecho conmigo, con mi esposo y con mi familia.  ¡Que Dios nos bendiga a todos!

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