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Miércoles, 05 de Noviembre de 2014 15:50

Juan Pablo II y la teología del Cuerpo

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Entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984, en sus acostumbradas audiencias de los miércoles, (durante 5 años y dos meses) el papa Juan Pablo II impartió 129 catequesis que llegaron a convertirse en las principales enseñanzas de su pontificado, y que fueron luego recogidas en una obra única a la cual se le denominó Teología del cuerpo: El amor humano en el Plan Divino, texto que también se conoce como Varón y mujer.



Este importante «dechado de enseñanzas» tiene como centro escatológico a la creación del ser humano, concebido por Dios como hombre y mujer, para desde ese «binomio», y con una visión integradora, dar una respuesta adecuada a las problemáticas concernientes al matrimonio y la procreación de la pareja humana. Por estas razones, también el Papa conceptuó este asunto como un problema de «antropología integral», es decir, «una teología del cuerpo».

Asombra leer estos «enjuiciamientos» del Pontífice, que como fruto de esta disposición suya en relación con el matrimonio y la familia, expuso en la belleza de su prosa poética, con ánimo revolucionador y profundamente bíblico. Obsérvese esta definición del hombre dentro del contexto de su sexualidad: El hombre es un espíritu encarnado, es decir, un cuerpo espiritualizado. La división ya no existe: existe sólo el fluir del cuerpo en el espíritu y del espíritu en el cuerpo, así se crea una unidad1.

Desde que se produjo la beatificación de los esposos María y Luigi Beltrame Quattrocchi2, en la visión de la Iglesia, por las influencias del Papa, se inició un verdadero cambio en la espiritualidad cristiana en relación con el matrimonio, la familia y la sexualidad humana que puso en tela de juicio y abrió nuevos horizontes a las concepciones sobre estas entidades, en la misma medida que dio un impulso a la reflexión actualizada de las mismas, con argumentos muy convincentes, en tanto, la Iglesia (mediante su Pontífice) propone como «modelos» a personas casadas y realizadas paternalmente –con hijos–, en medio de la felicidad y la santificación.

En consonancia con esto, y como defensa a ultranza del designio creacional de Dios de «hacerlos hombre y mujer destinados a la procreación» se puede leer en «Amor y responsabilidad», publicado por Karol Wojtyla en 1960: El hombre desde su inicio es un cuerpo entre los otros, y en la unidad de los dos es hombre y mujer y descubre el significado del propio cuerpo según un sujeto personal. Sin embargo, el sentido de ser cuerpo, y particularmente ser, según su cuerpo, un hombre y una mujer, va unido al matrimonio y a la procreación (por tanto al ser padres)3.

Pero, antes de continuar ejemplificando con sus textos, es necesario volver a los propósitos de la Teología del Cuerpo, para observar las seis direcciones ideotemáticas que este texto subtiende en forma de «ciclos» que implican, cada uno, un grupo determinado de las 129 catequesis; además de los tres temas principales que se derivan de estas seis direcciones; y por último, los tres fundamentos de la llamada «antropología adecuada». Las seis direcciones a saber son:

1. El principio.
2. La redención del corazón.
3. La resurrección de la carne.
4. La virginidad cristiana.
5. El matrimonio cristiano.
6. Amor y fecundidad.

En estos seis apartados, se tratan con profundidad tres temas principales. Un primer tema dedicado a la llamada «antropología teológica», que el Papa denominó como antropología adecuada (o en relación homónima con todo el texto: teología del cuerpo), con su forma metodológica para abordarla y con sus conclusiones.

El segundo tema está relacionado con el matrimonio y su sacramentalidad, y el tercero expone los contenidos sobre la vida humana pero visto según el prisma de la antropología teológica ya citada en el primer tema4. Estos fundamentos del apartado al cual el Papa le denomina antropología adecuada, contienen importantes reflexiones que se sustentan en los Evangelios y están en diacronía con la misma historia del hombre vista en su devenir ascendente:

1.- El origen del hombre y su inocencia ante el designio de Dios: el hombre en su soledad inicial, en la unidad primigenia de hombre y mujer. (Desnudo e impúdico en su primitividad).
2.- El hombre caído por el pecado y redimido por Cristo: el hombre desde el pecado original,  en su recorrido por el mundo, hasta la llegada del Redentor.
3.- El hombre resucitado «o escatológico», en su situación definitiva: el hombre y la historia de las relaciones humanas después de Cristo hecho hombre, y resucitado, hasta nuestros días.

En los argumentos de esta taxonomía prima, como esencia, el profundo significado esponsal que tiene el cuerpo humano desde la creación, es decir, la mutua promesa de casarse que hacen el varón y la mujer y que el derecho define como «promesa de matrimonio hecha en alguna de las formas que la ley requiere para que surta algún efecto civil»5 y a la que la Iglesia le da una dimensión de «sacramento».

Y tanto las seis direcciones, los tres temas principales, como los fundamentos de la antropología adecuada, están sustentados en una metodología que utiliza intencionadamente Juan Pablo II (expuesta en la catequesis XIII) para configurarla, partiendo de la reflexión teológica –por sus fuentes–, y la filosófica –por el método fenomenológico empleado- y que en el reducido espacio de este artículo, sólo basta con exponer la definición del concepto, que de hecho, es contentivo de las experiencias esencialmente humanas y opuesto al reduc-cionismo naturalista de la teoría evolucionista6.  

En este caso se toma la definición del Cardenal Carlo Caffarra7, por ser uno de los estudiosos nodales de este asunto: Antropología adecuada, es aquella que comprende e interpreta al hombre en aquello que es esencialmente humano, captando los significados permanentes de la existencia humana mediante la experiencia de aquello en lo que se expresa la persona humana y usando el principio de reducción.

Pero en lo «esencialmente humano» somos incompletos y este límite implica una «otredad», manifestada, en este caso, en la complementariedad del varón y la mujer. Y esta división en dos sexos es inspiradora para experimentar la unión, que en su máxima forma es la unión carnal.

Por eso nos vuelve a sorprender la  forma profundamente «poética» de esta «interlocución de dos sujetos líricos», y contentiva de un amplio diorama de «expectativas», que se interpenetran en las relaciones de dos cuerpos humanos desnudos, en esta larga cita que nos propone –para asombro nuestro– Juan Pablo II, con la intención expresa de que lleguemos a los «sustratos más sensibles» de las esencias humanas, capaces de paralizar el tiempo y acercar la eternidad:

Cuando mi yo encuentra el tuyo, tus ojos, que aman, asimilan mi forma y me descubren como un tesoro. Nadie puede verse a sí mismo cabalmente, y en este momento me verá desnudo solo la persona amada. Tu forma en mis ojos, la mía en los tuyos. En su expresión, percibo la confianza. Me fío de ti, y por eso puedo estar desnuda ante ti. Cuando me miras con amor, el pudor desaparece y nace la alegría. La alegría de ser auténticamente sí mismos, desnudos ante los ojos de la persona amada. Mirarse exige exclusividad, silencio, pararse. La unión carnal no es solamente un abandono sexual, sino un abandono de todo el hombre. Y así nace la unión, que es imposible de encerrar en palabras. La unión que paraliza el tiempo y acerca la eternidad 8.

Sin dudas una bella reflexión poetizada que entraña la expresión sublime del acto sexual esponsal que «acerca la eternidad», es decir, trasmite el amor de Dios y nos demuestra cuán grande llega a ser el amor conyugal como una donación recíproca que Dios propicia para que se cumpla su don de trasmitir la vida.

La Teología del Cuerpo de Juan Pablo II se constituye en una profunda intelección «poetizada», que nos llega como el resultado de su intención de «catequizarnos», en temas de tanta actualidad como las «nuevas visiones» sobre el amor esponsal, la familia, y la sexualidad de acuerdo con los postulados de la Iglesia Católica y valgan los comentarios finales en la voz de una estudiosa de esta insoslayable temática:

Por eso el matrimonio es un sacramento cotidiano que se lleva a cabo no sólo en el  momento de la celebración de la boda, sino también en la cotidiana fidelidad y en el recíproco amor. Los esposos, conscientes de la gracia de Dios, llenan de ella toda su vida, enseñan a los hijos cómo vivir en la presencia de Dios. Su espiritualidad matrimonial consiste en reforzar y profundizar el vínculo que los une. El amor en el matrimonio es símbolo de Dios. Los dos son sacramento del Amor, que les ha creado y que les trasciende 9.

FOOTNOTES:

(1) Boletín Totus Tuus, # 4, julio-agosto, 2006, año 1, página 14.
(2) Se produjo el 21 de octubre de 2001, y tuvo lugar simbólicamente en el primer año del nuevo siglo y del nuevo milenio.
(3) Ob. Cit. en (1)
(4) No se trata de una antropología dualista cuando se habla de «cuerpo», sino de toda la persona humana manifestada en ese «soporte» concreto que es el cuerpo humano.
(5) Definición del Diccionario Encarta, 2009.
(6) Baste decir que este método, aunque con bases filosóficas, es teológico: la Revelación es su punto de partida para cada reflexión, y es Cristo que manifiesta el hombre al hombre mismo y le da a conocer su altísima vocación.
(7) Carlo Caffarra: (1 de junio de 1938) Arzobispo de Bolonia y Cardenal, Doctorado en Derecho Canónico y especialista en teología moral. En 1998 fundó el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia en Washington DC, y luego en México y España.
(8) Tomado de «El sacramento del cotidiano», de Justyna Zapotoezny-Pelak, del Centro de la Familia, Katowice, Polonia.  En texto citado en (1), pág. 15.
(9) Ibídem, Justyna Zapotoezny-Pelak.

1 comment

  • Comment Link pegatinas personalizadas Lunes, 27 de Abril de 2015 20:27 posted by pegatinas personalizadas

    Muy chula esta entrada, aprovecho para felicitaros por esta página, que os he encontrado por internet y me
    parecen todos los contenidos muy interesantes =)

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