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Miércoles, 05 de Noviembre de 2014 15:41

Hablando de Sancti Spiritus

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Sancti Spíritus está celebrando este año su aniversario 500. La ciudad son sus edificaciones, las personas que en ella viven y la obra que realizan. De entre la gran riqueza que posee Sancti Spíritus, escogeremos algunas de las más significativas.

En 1514 se fundó la villa junto al río Tuinucú por los enviados de Diego Velásquez.

Dos años después los vecinos decidieron mudarse al lugar que hoy ocupa.

Del trazado original quedan las plazas surgidas junto a la Iglesia Parroquial Mayor y las ermitas de Jesús de Nazareno, San Francisco y La Caridad. Sus edificaciones se construyeron de forma irregular y así son sus calles.

Sancti Spíritus, posee uno de los centros históricos más relevantes del país. La arquitectura colonial tiene sus puntos más importantes alrededor de las plazas, plazuelas, donde se erigieron las edificaciones más significativas: iglesias, antigua sede de edificio de gobierno, escuelas, conventos y casas de la aristocracia criolla. Una edificación excepcional se mantiene del siglo XVII: La Parroquial Mayor. Ella es símbolo y orgullo de la ciudad.

El puente del río Yayabo se encuentra situado al suroeste del centro histórico urbano, en el antiguo Paso de las Carreteras en Sancti Spíritus. La edificación es sólida y majestuosa, tiene cinco arcos enclavados en las barrancas del río, está compuesta por ladrillos asentados con el mortero tradicional de cal y arena, cuya calidad, según la tradición oral, se atribuye al hecho de estar mezclado con leche de burra.

La idea de construir el puente  surgió por la necesidad de facilitar el  cruce del río Yayabo, que en época de lluvia  era muy difícil por sus  barrancas. A medida que creció la población y sus necesidades, se hizo más inminente la creación del puente para acceder a las salidas marítimas oficiales existentes en la época.

El gobierno municipal comenzó a recaudar fondos en 1777 y se presentó un proyecto a cargo de Gabriel de Torres, pero éste no se ejecutó al pie de la letra, pues solo estaban contemplados cuatros arcos y se construyeron cinco; se desconoce la razón de esta decisión.

La primera piedra se colocó en 1817 y la conclusión de la obra fue en 1831 gracias a los aportes del vecindario y de importantes personalidades destacándose entre ellas el Obispo Espada quien había visitado la villa.

En la dirección de la obra se destacaron los maestros andaluces Domingo Valverde y Blas Cabrera, además de ellos también la fuerza de trabajo menos calificada: los presos del municipio y algunos esclavos.

Ésta, es la única construcción de su tipo que se conserva en Cuba con esas características y antigüedad, integrando el pasaje urbano que identifica a la ciudad. Fue declarado Monumento  Nacional en 1995.

Muchos patriotas y benefactores ha tenido Sancti Spíritus, entre ellos el sacerdote Pablo Tomas Noya y Mínguez. Allí nació el 21 de diciembre de 1858 y allí murió el 26 de octubre de 1936.

Estudió en el Seminario san Carlos y san Ambrosio de La Habana, siendo ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1882. Ejerció su ministerio en Morón y en Camagüey y en 1980 fue nombrado párroco de la Iglesia del Cristo en La Habana. Ese mismo año permuta para la Iglesia del Espíritu Santo (La Mayor) en su ciudad natal, de la cual fue párroco hasta su muerte.

El tema preferido del P. Noya para sus predicaciones era el de la tolerancia y el perdón. Jamás su prédica fue intransigente. Este estilo resultaba atrevido y novedoso para una época y un ambiente severo, conservador y presto a dogmatizar. Llegaba incluso a opinar, adelantándose en muchas décadas al Concilio Vaticano II, que las personas son más gratas a Dios por hacer el bien al prójimo que por un cumplimiento religioso desencarnado. Estas ideas a favor del prójimo se basaban en el seguimiento fiel del Evangelio y  en la admiración ferviente al Padre Félix Varela.

Fueron tantas y tales las virtudes del Padre Noya, que en el período republicano se le propuso ocupar la sede episcopal en alguna diócesis de la Isla, pero no aceptó. También Monseñor Manuel Arteaga, en aquel tiempo Vicario General de La Habana, quiso llevarlo para la capital y tenerlo a su lado, pero se rehusó una vez más.

Para el bueno del Padre Noya no había más halago, ni bienestar o favor que permanecer en su querida y modesta Iglesia Mayor de Sancti Spíritus. Tanto fue su amor y entrega por la Iglesia y su pueblo, así como su apego a las costumbres y tradiciones culturales, que no pudo desentenderse del bienestar de la patria.

Así luchó en silencio por la libertad e independencia de la Isla… mantuvo amistad estrecha con sacerdotes cubanos que como él sentían un gran amor por Cuba. Entre ellos se cuentan sus relaciones con el P. Adolfo del Castillo, hermano del General de la Guerra de Independencia Honorato del Castillo. Con el Padre Garriga, pinareño, quien mantenía relaciones directas con las fuerzas insurrectas, y con el Padre Julio González, predecesor suyo como párroco de La Mayor.

Hay una anécdota poco conocida que involucra a todos esos sacerdotes, incluso el Padre Noya. Se trataba de que las informaciones que salían del salón parroquial -conocido hoy como Salón de Colón,  por el cuadro que lo recrea- iban a parar directamente al bando mambí…. Resulta que los oficiales españoles que concurrían a la Iglesia Mayor acostumbraban a reunirse por las noches para jugar al dominó, o simplemente para hacer tertulias… Era la oportunidad que aprovechaban todos estos sacerdotes para obtener noticias y hacerlas llegar a las fuerzas insurrectas.

Otro hecho, tuvo lugar durante la Guerra del 95, en tiempos del cruel y despiadado Valeriano Weyler. Este militar mandó a citar al Padre Noya. Al llegar a la cita el temible General  le acusó de ayudar a los insurrectos y a continuación agregó: Oiga bien lo que le digo, voy a ir a la Iglesia Mayor para comprobar la verdad, cuando yo llegue allí tienen que repicar las campanas y usted saldrá a recibirme con el palio y los acólitos de rigor…

Con la dignidad y la serenidad que le caracterizaban, el Padre Noya se limitó a contestarle, El Palio es solo para el uso del Santísimo Sacramento y del Señor obispo.

Hay dos virtudes del Padre Noya que no podemos dejar de resaltar, una que tienen que ver con el desempeño por la educación. Gracias a sus gestiones, a principio del mes de noviembre de 1907, abrió sus puertas el Colegio La Natividad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas conocidos por Hermanos de la Salle. El curso comenzó con 45 alumnos, fundamentalmente niños pobres, y terminó con una matrícula de 95 alumnos, muchos fueron matriculados  por gestión  del querido  Padre Noya1.

Cientos de niños y jóvenes se formarían en sus aulas, impartiéndose también clases nocturnas gratuitas para obreros y trabajadores. También hay que señalar su colaboración para la construcción del asilo San José para ancianos desamparados, atendidos por las Hermanitas de la Caridad. Esos dos gestos muestran  lo que significó para el Padre Noya la formación cultural, moral, y religiosa de las futuras generaciones, así como su preocupación y sumo cuidado por todos aquellos carentes del amparo familiar.

Su muerte fue un duelo para el pueblo espirituano. Afirman que jamás se vio al pueblo espirituano tan conmovido y entristecido 2 se comenta de igual forma en los periódicos de la época… ¿cómo no? Sí ¡Hay tan pocos, como él que era un Santo! 3


FOOTNOTES
1 Pentón Ponce de León Angel, Aproximación del modelo Pedagógico del Colegio la Natividad de La Salle Tesis de Maestría Capitulo I 2010 Sancti Spiritus.
2 Reyna Manuel Dic. De Santi Spíritus Presencia y Muerte del Padre Noya, Puentes Cuadernos Espirituanos de Fe y cultura 1998 No 2 pp 68,70 Sancti Spíritus Cuba.
3 Reyna Manuel Dic. De Santi Spíritus Presencia y Muerte del Padre Noya, Puentes Cuadernos Espirituanos de Fe y cultura 1998 No 2 pp 68,70 Sancti Spíritus Cuba.

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