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Miércoles, 05 de Noviembre de 2014 15:08

CONSTRUIR RELACIONES MADURAS

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Aunque a veces tengamos la sensación de que el mundo de la pareja se derrumba, afortunadamente muchas parejas llevan una vida ejemplar y a medida que pasan los años sus relaciones son más plenas y estables y, en general, se sienten felices. ¿Cómo han logrado estas parejas mantenerse y llegar a la madurez? Voy a permitirme señalar algunas actitudes que a mi entender son las que garantizan una relación equilibrada en la pareja.



En primer lugar, hay parejas que han logrado una notable estabilidad en su matrimonio porque han sabido aceptar-se uno al otro, con sus cualidades y defectos, y amarse así tal como son en realidad.

En segundo lugar, muchas parejas empiezan mal porque parten de ideas pre-concebidas y limitantes, ignoran que para construir un vínculo amoroso sano y maduro, hay que tener en cuenta que las relaciones deben elaborarse desde la totalidad del ser humano. Lamentablemente, cuando se piensa en el matrimonio se habla muchas veces de la «media naranja», lo cual conduce a actitudes equivocadas. Dos personas que se unen en matrimonio son dos entidades plenas y no dos mitades limitadas que se complementan. La pareja está formada por dos seres completos que gozan de la plenitud  del otro y de sus diferencias, no de sus carencias. Si pensamos que el otro nos dará lo que no tenemos, estamos perdidos, porque nos convertimos en personas diferentes.

No se trata tanto de completar o llenar nuestras deficiencias, sino de fortalecer nuestra personalidad al contacto con la personalidad del otro o la otra. No adquirimos lo que nos falta, más bien perfeccionamos y desarrollamos las cualidades que poseemos, es uno de los fines de la pareja. La pareja es un mundo de posibilidades existentes en cada uno de los dos; posibilidades que deben ir creciendo y desarrollándose con el aporte de ambos. Se requiere, por tanto, una acción recíproca y constante. Es lo que llamamos la balanza del dar y recibir, de manera que ambos se sientan recompensados. La reciprocidad en la pareja es esencial si se quiere llegar a la madurez.

En tercer lugar, la madurez se logra cuando la pareja descubre el misterio de la unidad que se consigue cuando se acepta la forma de ser y de pensar del otro o de la otra. Sólo entonces adquiere sentido la expresión «ser uno». En cambio, cuando uno de los dos absorbe la personalidad del otro, se rompe la armonía conyugal y en su lugar aparece el autoritarismo por una parte y la frustración por la otra. En tal caso no hay crecimiento como pareja, sino la amarga experiencia de vivir juntos.

En cuarto lugar, podemos señalar otro aspecto que ordinariamente se da en las relaciones maduras de la pareja: es el respeto. El respeto no sólo es tratar dignamente al otro con educación, sin agresiones ni chantajes emocionales; todo esto es necesario, pero no es suficiente. Respetamos también al otro cuando estamos con él enteramente; estar atento a lo que el otro dice es una forma de respeto que nos acerca afectivamente, aunque las opiniones sean diferentes. Pero además, es muy importante estar atentos a lo que el otro siente cuando nos habla, es lo que llamamos empatía, es decir, intentar ponernos en el lugar del otro o de la otra para comprenderle mejor.

En quinto lugar, en una relación madura están también el cuidado del afecto y la sexualidad; es decir, la comunión hecha de ternura. Son elementos imprescindibles en la pareja. Cierto que con el tiempo suelen quedar en un segundo término, e incluso, diluidos por otros intereses. Sin embargo, lo que distingue verdaderamente la vida de la relación de una pareja es la intimidad generada por los momentos afectivos. Por eso, debe  procurar cuidarlos y promoverlos.

En resumen, una relación madura consiste en promover el crecimiento y el bienestar de cada uno de sus miembros. En este crecimiento, el proyecto para el futuro, debe elaborarse en común, de modo que las decisiones que se tomen reflejen el común sentir de los dos para que se dé la unidad en un mismo amor, siempre respetuoso, de la intimidad de la otra persona o de su manera particular de ver las cosas.

En definitiva, cuando hablamos del matrimonio, afirmamos  que sólo siendo plenamente dos se puede ser uno. Por eso es tan importante la reciprocidad. Tanto el amor como el respeto, el perdón y la entrega deben ser recíprocos. Ambos miembros de la pareja deben ser capaces de dar y recibir. El que sólo recibe se convierte en un ser egoísta y el que solo da sin aceptar lo que el otro pueda ofrecer, humilla y frustra a su pareja, haciéndole sentir incapaz de satisfacer con su amor y entrega las necesidades del ser que ama.

En cualquier caso podemos afirmar lo siguiente: querer y buscar el mayor bien para el otro es, a la vez, querer el bien para uno mismo, y también para el mundo entero.

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